Filosurfeando…

Sobre la cresta del Pabellón I

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar” (E. Galeano)

Condenarro

Con la cita de Galeano comenzó el texto de un artículo publicado por la revista Análisis Periodístico que dirige Bertoldo Velasco Silva en 2008, cuando se presentó a los medios y celebridades sociopolíticas y empresariales la maqueta del proyecto ganador, de entre 11, que construiría una obra inconmensurable; un inmueble, que en teoría enamoraría a museógrafos, antropólogos, historiadores, científicos en todas las disciplinas y/o áreas de estudio e investigación, Chefs, guías de turistas, estudiantes desde pre escolar hasta postgrado. Un edificio inteligente que ocuparía toda la superficie del “famoso y controvertido Lote #8”.  Descomunal es la decepción que hoy día provoca el tan sólo pasar por ahí.

Podría excusarme por lo dramático del cierre del párrafo anterior, resulta teatral, y aun, se trata de un Teatro Principal, tres salas multiusos, desde cine hasta conferencias, talleres y otras expresiones artísticas, ninguna de menor importancia que otra; áreas que bien pudiesen habilitarse para talleres, escuela de artes (teatro, plástica, creación literaria, fotografía, danza en todas sus disciplinas, música, poesía, artes escénicas en general) En resumen, un edificio que no es inteligente y no llegó, ni de cerca, al 30% de lo prometido en aquel 2008. Un bien inmueble municipal con potencial para ser autosustentable, a pesar de sí mismo. Requiere inteligencia, y algo muy difícil, inteligencia colectiva para combatir el arte de una burocracia anacrónica.

foto Colectivo Pericú

Con su permiso, o sin él, les comparto un fragmento de lo escrito en 2008: “En fin, el pabellón es un proyecto digno de realizarse. Digno de apoyarse, no sabemos en quien, porque tampoco sabemos bien quien será el responsable de su mantenimiento y manutención una vez pasen los festejos de lo que no tenemos, pero celebramos mucho, la Independencia y la Revolución. Un inmueble de este tamaño, con los acabados que se mencionan, las instalaciones de primer mundo y tecnología de punta, un acervo histórico cultural enorme debe representar un gasto corriente bastante considerable. ¿Quién lo pagará?”. Lo anterior se publicó mucho antes del inicio de la obra, en 2009, y por supuesto, del edificio que inauguró Narciso Agúndez Montaño, el 31 de marzo de 2011, como despedida de su sexenio… que no fue ni el 30% de lo proyectado, concursado y aprobado. Al menos no debemos preocuparnos por toda la riqueza histórica, natural y etcéteras que conformarían ese acervo histórico cultural sin precedentes.

A 13 años de su inauguración, después de un Odile y un Lidia, y otros meteoros menores, de cuatro presidentes municipales y tres gobernadores del Estado, se mantiene en pie por obra y arte…

Hoy día hay alguien encargado del inmueble, ya se controla el estacionamiento subterráneo, exclusivo para eventos del recinto. El mecanismo de operación, presupuesto de mantenimiento y administrativo, lo tendrá Transparencia, por si a alguien le interesa. Mas el futuro inmediato, mediato y a largo plazo del edificio, propiedad de todos los cabeños es como una obra del absurdo, o, como uno de improvisación. No depende de ninguna dirección, subdirección o paramunicipal, no es responsabilidad del ICALC. Debiese existir, al menos en teoría y algún documento mal parqueado, un reglamento de operación y uno administrativo, mínimo uno interno del Pabellón. Tal vez.

En torno al pabellón, con minúsculas hasta que recupere su importancia, se escuchan pláticas y propuestas, estructurar un patronato donde intervengan todos los involucrados en este sector ¿pero el sector cultural nos incluye a todos? Grupo Madrugadores de Cabo San Lucas lo propuso y ha cuestionado al Regidor Lince Rodríguez al respecto; existe interés en el Gobierno del Estado en la activación del inmueble mediante convenios interinstitucionales, un patronato, o una estructura operativa y administrativa, una junta de gobierno; un instrumento que permita la operación racional y razonada, no racionada; en la siguiente entrega, la postura, cuestionamientos y propuesta viable del Director del Instituto Sudcaliforniano de Cultura, Víctor Hugo Caballero, interesantes; también hablaremos con Lince Rodríguez, con Elva Castillo de Los Madrugadores, con la misma comunidad artística y académica, estudiantes, al término de todo, hasta podría salir una idea que nos permita, de forma civilizada, compartir cultura y disfrutar del arte…

En tanto, yo paso a guardar la tabla que ni se movió de la cresta del Pabellón, y a retirarme y reiterarme como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia de tener un pabellón lleno de nada.

“El mayor enigma de la vida es que nadie sabe por qué estamos aquí, ni de dónde venimos, ni a dónde vamos”. (Ambroce Bierce)

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